vampire blues (neil young)
La conoció esperando turno en uno de esos trámites burocráticos que destripan nuestras vidas. Desde el primer momento supo que aquella mujer podría hacer lo que quisiera con él. Era bella más allá de lo fijado, seducía sin pretenderlo, con esa picaresca tan osada que sólo exhiben las miradas más puras y su perfume quedaría para siempre fijado en su amígdala a salvo de lo que el neocortex pudiera dictaminar.
--- Me encanta cómo hueles- le había dicho él mirandola a sus grandes ojos en la primera cita.
--- El tigre se perfuma con dinamita...- respondió ella, sofisticada pero no artificiosa, dejando morir la frase mientras su sonrisa desvelaba todo su poder, satisfecha porque sabía el efecto que produciría sobre él la alusión al cine de Chabrol.
Ella lo había llevado a un nuevo restaurante de cocina werhneendesa, según le dijo ella, que ya había estado en otras ocasiones, un placer oculto que no se podía dejar escapar.
--- ¿Qué es esto?- preguntó al espigado camarero, que le recordaba a un sepulturero de una película del expresionismo alemán, esperando una explicación al impronunciable nombre.
--- ¡Oh! Es una delicia para atrevidos. Si me lo permite, es lomo de cocodrilo al vapor con especias locales servido con un pene de mono alojado en el orificio anal.
Ella lo miró y él supo que tenía que pedir ese y sólo ese plato.
Por algún motivo, que le llevaría toda la vida no desentrañar, no le sorprendió mucho cuando el camarero le presentó el plato y degustó la excelente carne de cocodrilo mientras un mono le metía el rabo por el culo.
Estoy al lado del camino empinado observando la escena que me entristece, aunque, juzgad vosotros mismos, parezca una astracanada. La senda es estrecha y la altura ya es considerable a juzgar por los jirones albinos que rasgan el cielo violeta. Para que os hagais una idea, es como subir al nacimiento de uno de esos ríos a los que os pudieron llevar o fuisteis alguna vez, pero en el tramo junto al que estoy sólo cabe una persona.
Y los observo llegar: primero una suerte de caricatura de Marlon Brando en el "Padrino", en quien el tiempo ha hecho estragos, con lacrimosos ojos rojos, bufando con todo su ser por seguir adelante, luchando por subir un escalón más; le sigue quien pudiera ser yo. No soy yo, porque yo observo la escena, aunque podría ser yo. No se si alguna vez os habeis cruzado con alguien parecido a vosotros. No como un gemelo, sino otra clase de parecido que os ha estremecido. A mi me paso en una feria, en el pueblo. Pero esa es otra historia.
El caso es que la situación se vuelve cada vez más tensa, porque quien pudiera ser yo quiere pasar por delante de pseudo-marlon y eso no parece factible. El tiempo en si no parece contar demasiado allí arriba. Es más un impulso ciego por no parar. Mi "doble" se desespera y entonces yo miro a Marlon a la cara y lo entiendo. No se le puede exigir más. Es un hombre que soporta una pesada carga.
Walter, remember when the world was young
And all the girls knew Walter's name?
Walter, isn't it a shame the way our little world has changed?
Do you remember, Walter, playing cricket in the thunder and the rain?
Do you remember, Walter, smoking cigarettes behind your garden gate?
Yes, Walter was my mate,
But Walter, my old friend, where are you now?
Walter's name.
Walter, isn't it a shame the way our little world has changed?
Do you remember, Walter, how we said we'd fight the world so we'd be free.
We'd save up all our money and we'd buy a boat and sail away to sea.
But it was not to be.
I knew you then but do I know you now?
Walter, you are just an echo of a world I knew so long ago
If you saw me now you wouldn't even know my name.
I bet you're fat and married and you're always home in bed by half-past eight.
And if I talked about the old times you'd get bored and you'll have nothing more to say.
Yes people often change, but memories of people can remain
--- Creo que ha llegado el tiempo de que publique mi obra mayor-- suelta como con desgana, que no oculta un entusiasmo ególatra el primer literato.
,
--- ¡Oh, por fin!--- lanza falsamente exultante el segundo literato mientras piensa: "primero podrías escribir tu obra menor".
He looked a lot like Che Guevara,
Drove a diesel van
Kept his gun in quiet seclusion,
Such a humble man
The only survivor of the National People's Gang
Panic in Detroit, I asked for an autograph
He wanted to stay home, I wish someone would phone
Panic in Detroit
He laughed at accidental sirens that broke the evening
Gloom
The police had warned of repercussions
They followed none too soon
A trickle of strangers were all that were left alive
Panic in Detroit, I asked for an autograph
He wanted to stay home, I wish someone would phone
Panic in Detroit
Putting on some clothes I made my way to school
And I found my teacher
Crouching in his overalls
I screamed and ran to smash my favorite slot machine
And jumped the silent cars that slept at traffic lights
Having scored a trillion dollars,
Made a run back home
Found him slumped across the table.
A gun and me alone
I ran to the window. Looked for a plane or two
Panic in Detroit.
He'd left me an autograph
'Let me collect dust.'
I wish someone would phone
Panic in Detroit
ocurre ocurre que al atro lado al otro lado del espejo claro recurso manido bufa letanía el otro con cara de yo exclama casi divertido de lo triste me siento solo y yo pero no yo también puede ser el reflejo el otro el doble dice calmoso para si mismo y para el otro que es el mismo es normal lo raro sería sentirse acompañado ocurre después la claridad mañana otro día y el sudor no tanto físico como esa sensación brutal de suciedad de la pobredumbre orgánica interna traspirada echada hacia fuera de nuevo la pesadilla ocurre la desorientación cuando el camino está marcado las cartas están marcadas los planes están trazados ocurre la certeza absoluta de la nunca confesada desorientación ocurre un día que la protesta es epítome del aburguesamiento ocurre el vómito de los lugares comunes las formas allanadas y lo peor si has llegado hasta aquí y quieres saberlo es que no sólo ocurre sino que también sucede
¿Por qué en las peliculas no nos muestran a los vaqueros cagando si se pasan el día bebiendo café? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Acaso no somos todos un poco culpables? ¿Tiene sentido todavía este juego de "nosotros y ellos"? ¿Hemos aprendido algo? ¿Algo realmente va a cambiar? A veces mi cinismo me saca de quicio, pero sólo es un mecanismo de defensa. Casi todo está podrido, pero queda - tiene que quedar- un puñado de gente por el que vale la pena seguir. Nos queda el humor, la CULTURA en sentido amplio, aunque entre todos la apaleamos con toallas húmedas, ahora que está maniatada. No se trata de vencer o perder, sino de vendarse las heridas con gesto indiferente y alzar el puño contra nadie, cuando alguien nos ve. El mañana nos devora y ni siquiera hemos asimilado el ayer, sólo nos queda esperar que nuestros cadáveres abonen huertos floridos, que no nos sepulte el cieno tras la lluvia de cemento, que en algún momento consigamos VIVIR nuestra vida.
TODOS DE ALGUNA MANERA
QUEREMOS SER OTRA PERSONA
QUIZÁ LA MISMA EN CIERTA MANERA
FIJADA EN OTRO TIEMPO OTRO LUGAR
LA CARRETERA LA ETERNA NOCHE AQUELLA PLAYA
CUANDO DESCUBRISTE EL MAR
OLVIDAR POR UN MOMENTO LA IMAGEN FIJA
FOTOGRAMA INDELEBLE DEL PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA
SIEMPRE ESTE ANSIA POR LLENAR LOS HUECOS
ASIR LO INABARCABLE POR DEFINICIÓN
LA PULSIÓN DEL COLECCIONISTA
SIEMPRE LA LUCHA INVISIBLE MUDA ABSURDA
LA NADA QUE ACECHA
DONDE LO ÚNICO GRACIOSO ES LO QUE IGNORAS
SEPARADOS POR NOSOTROS MISMOS
POR TELONES DE PVC O CUALQUIER OTRA MUERTE GRANULADA
HARTOS DE LA VIDA
CUANDO NO SE AVIENE A NUESTRAS CATEGORÍAS
EL MENSAJE EXTRAVIADO CUANDO SE HACE PALABRA
TODO LO QUE NO NOS DIJIMOS O NOS DECIMOS MAL
PENSAR QUE NI SIQUIERA AHORA...
Cumplimos con lo que se ha convertido en una tradición particular, en el concierto gratuito de inauguración del Festival de Jazz de Valencia en los jardines frente al Palau, superándonos a nosotros mismos con un festín estival a base de emparedados (¡Dios, que término tan olvidado!... da cosica) mixtos, aperitivos selectos, cerveza fría, fruta, café, sorbete de limón y cava, lo que dejo boquiabierto a propios y extraños. La animada música de fondo corría a cargo de los músicos callejeros reunidos en la loable iniciativa de "Playing for change", con sus versiones animadas de Marley, y sus ritmos de blues, soul y funky. Una noche muy agradable en buena compañía.
El jazz comenzaba el sábado siguiente, 9 de julio, con el esperado concierto de Wynton Marsalis y su banda, la Jazz at Lincoln Center Orchestra. Hubo lleno total en el Palau para recibir a la mayor estrella del cartel y un público muy entregado ante las destrezas superlativas del trompetista, que se prodigo lo justo en su papel solista, pero demostró sin esfuerzo que es una fuerza de la naturaleza, dominando a placer los registros más altos. La banda estaba perfectamente conjugada, disfrutaba con lo que hacía y el sonido era brillante, con solos más que solventes, mientras se rendía homenaje a la tradición, empezando por el jazz de Nueva Orleans, de donde es oriundo Wynton Marsalis, fiel icono y continuador del jazz clásico, que exhibió una fuerza y entusiasmo contagiosa. La agradable sorpresa fue la intervención de "Tomasito" bailando un tema mientras la orquesta se arrancaba a las palmas con precisión y el publico andaba un poco perdido con el compás.
El día siguiente también registró un buen aforo para celebrar el 20 aniversario de la formación "Sedajazz Big band", que bien se merece un homenaje por la excelente labor que ha realizado en estos años de difusión del jazz, contando en sus filas con músicos consolidados, como el genial Perico Sambeat, y jovenes nombres que vienen pisando fuerte, con su director musical Francisco Ángel Blanco "Latino" al frente. Pero el homenaje nos lo dieron ellos. Bajo la batuta, en esta ocasión de Mike P. Mossman, que también intervino con gran elegancia a la trompeta y nos deleitó con una sinopsis sui generis del film en esforzado castellano, interpretaron temas de la banda sonora de "Chico y Rita" a cargo de Bebo Valdés y temas clásicos del jazz latino, junto a algún tema del propio Mossman y un popurrí de Stevie Wonder, reforzados para la ocasión con una sección de cuerdas que ofreció el contrapunto de calma frente al brillo habitual y la pasión de los vientos y metales y la solidez y unidad de todo el conjunto. Como invitados especiales la cantante Soledad Jimenez y el toque lírico del veterano saxofonista Eladio Reinón.
Durante todo el festival, al acabar los conciertos, se podía disfrutar de manera abierta de jam sessions a cargo de músicos conectados con Sedajazz y de la escena valenciana principalmente y alguna intervención de músicos que actuaron en el festival y me sorprendió mucho la escasa afluencia de público, dado el gran nivel de los músicos y el jazz de altos vuelos que se generó. Puede que, una vez más, no se sepa apreciar lo que tenemos tan cerca, porque en Valencia hay muchos grandes músicos de jazz. De las jams, me quedó con el afán indagatorio y la urgencia del saxo de Vicente Macián y el duelo amistoso de trompetas de David Pastor, con una gran trayectoria a sus espaldas y destellos gillespianos, y el joven Voro García, que me dejó boquiabierto con su sonido limpio y penetrante y su inteligente articulación del discurso con aromas del mísmisimo Miles, que bordaron versiones clásicas de hard-bop, que sonaron frescas y excitantes.
El último concierto al que asistí (no pude ir a más por falta de tiempo y, admitámoslo, porque, pese a los precios asequibles, la crisis se deja notar, aunque el cartel era atrayente) fue el homenaje al icónico "Bitches Brew" de Miles Davis, por parte del trompetista Wallace Roney, que demostró su autoridad en el escenario y su excelente técnica y potencia, con momentos de gran brillantez y la sugerente emulación de riffs históricos. Roney prescindió de guitarra eléctrica, lo que descargaba los aspectos más funky, manteniendo la creación de atmósferas perturbadoras, con un uso discreto del tocadiscos y buenas intervenciones del piano eléctrico, piano y Hammond. Pero frente a la fuerza de Wallace Roney y la inventiva de Bennie Maupin a los saxos y clarinete bajo, los solos del hermano de Wallace, Antoine Roney, aunque solventes, me resultaron planos y la batería de Al Foster sonaba sobredimensionada, tanto por el volumen que alcanzaba como por el protagonismo que cobraba a veces, en excursiones donde hacía la guerra por su cuenta, sin prestar apoyo atento y orgánico a los solistas, como en el único standard, la preferida de Miles Round about midnight, que Wallace Roney bordó. Con todo una gran experiencia con la sala, incomprensiblemente, medio vacía.
Otro año más. Esperamos que el siguiente mantenga presupuesto y tengamos oportunidad de disfrutar de buen jazz nacional e internacional.
La etapa de mi programa de radio dedicado al jazz en Radiofarnals se toma unas vacaciones de verano. Ya no se emitirán nuevos programas hasta... Bueno, la verdad es que no se si volveremos, porque Radiofarnals tiene dificultades económicas (siempre el vil metal), aunque se están buscando soluciones.
Pero, pase lo que pase, la experiencia ha sido muy excitante gracias al alma mater de Radiofarnals, un profesional de la radio con ilusión, empeño y grandes ideas que hizo realidad su sueño de poner en marcha una radio propia costeada de su propio bolsillo, una radio "para el pueblo", sin prejuicios ideológicos ni presiones políticas, con vocación de servicio público en el área local, con un ojo en la cultura y entorno próximo y otro en la universalidad y la diversidad de sus propuestas. Confió la mayoria de los programas a amateurs, con intereses y perfiles distintos, sin voluntad de lucro, a los que nos mueve la pasión por un tema, como en mi caso el jazz, con total libertad para dirigir y estructurar el contenido del programa.
La experiencia ha sido fantástica. He descubierto el mundo de la radio, con su (aunque suene a manido es verdad) magia. Los programas, que espero retomar, han ido tomando forma, con un estilo propio que se recreaba en lo literario pero aspiraba a ser ameno, y que no pretendían imponer una postura crítica sino compartir las grandes sensaciones que trasmite el jazz. He tenido la oportunidad (aunque quedaban muchos músicos, estilos, ideas y propuestas diferentes que me gustaría abordar) de ahondar en temas de jazz y de entrar en contacto con gente de este mundo. Especial agradecimiento al gran músico Jorge Rossy, por su amabilidad y cercanía. Y ha sido un placer recibir los comentarios, el apoyo y el cariño de jazzadictos que seguían el programa y lo disfrutaban.
Ésta era una apuesta personal focalizada en la pasión por el jazz que no buscaba un seguimiento masivo sino el cariño de oyentes que disfrutan con esta música. Gracias a todos y a seguir disfrutando del jazz nacional e internacional, que, por suerte, es inabarcable.
Viernes noche. Acaba la semana con su rígida tiranía. Qué placer empezar el fin de semana con un concierto íntimo, donde se unen dos elementos de la historia (con mucho presente y futuro) con mayúsculas del jazz en Valencia: uno en forma de guitarrista, Joan Soler, con una sólida formación y trayectoria desde los años 80, el segundo elemento, el entorno que le acoge, el Jimmy Glass, decano de los clubs de jazz en la capital del Turia, con una oferta del más alto nivel nacional e internacional y una iniciativa muy a valorar en los tiempos que corren, ya que suma a su habitual concierto de los martes, un concierto gratuito los viernes, con duos o solistas, como en esta ocasión Joan Soler, para disfrutar en un ambiente distendido.
Joan Soler es uno de esos grandes músicos que trasmite cercanía y estar sentado a menos de un metro del mástil de su Gibson hace que la sonoridad penetrante y el tono luminoso que emana de su guitarra te traspase y recorra suavemente tu sistema sanguíneo. Soler nos deleitó en dos pases con sus personales adaptaciones de música de cine, una de sus pasiones, que ha desarrollado en diversos proyectos. Llevó a su terreno a Henry Mancini, y sorprendió con una intensa versión del standard “Laura” de David Raskin, a la que Johnny Mercer puso letra para la banda sonora de la inolvidable película de 1944 del mismo título de Otto Preminger. Pero si hubo un momento en el que Soler puso de relieve su imaginativo discurso melódico y rítmico y su audacia armónica fue al abordar el tema de amor de la película “Espartaco”, dirigida por Stanley Kubrick compuesto por Alex North, llevado también al terreno del jazz por Bill Evans.
Con músicos de este nivel y un local donde se respeta tanto al músico y se da oportunidad al aficionado para disfrutar del jazz en vivo en primera línea de manera gratuita, no hay excusa para no
salir los viernes.
Soñé que estaba despierto. A través de la fría pero familiar oscuridad alcancé el círculo de luz- una luz que no calentaba ni volvía las cosas más claras- y miré hacia arriba y pude ver al fondo que alguien me miraba y era como mirar un pozo pero no sabía quién estaba en el fondo y más allá otros miraban en un juego imposible pero cierto - tan cierto como era posible, tan cierto como este vivir- de reflejos. Y soñé- o alguien soñó, es lo mismo- que eran posibles escaleras que nos unieran para que dejaramos de mirarnos de lejos y por fin nos encontráramos y fuera posible el milagro de otros ojos. Sólo entonces desperté y aturdido me aproximé al pozo y me caí y miré- arriba o abajo no importa- y me deslice de nuevo en este letargo que llaman ensueño y que no es sino un estúpido juego para sentirse vivo cuando no hacemos otra cosa salvo adormecernos lenta-rápida- mente.
La Idea era buena, la causa justa y el número de seguidores crecía espontánea y rápidamente. Como eran realmente demócratas, tuvieron que formar Asambleas y no faltó quien se apresuró a ser Líder, aunque antes la Idea no le hubiera preocupado. Tantos se afanaban en llevar la Idea a buen fin, que tuvieron que formar una Asamblea para controlar las primigenias Asambleas.
Los Portavoces de las Asambleas votaron y eligieron a los Portavoces de la Asamblea, que pronto tuvo tantos Miembros que se dividieron en Equipos de Trabajo, para mejor perfilar la estrategia que habría de llevar a la materialización de la Idea original. Se estipuló que cada Portavoz de un Equipo de Trabajo (que rara vez entendía que trabajó tendría que desarrollar) formara a su vez la Dirección de una Supra-Asamblea y los Supra-Asamblearios estaban tan lejos de entender como conseguir la Idea original (y cada vez menos interesados en ello, merced a las prebendas que por su cargo ostentaban) como los Opositores de la Idea en sí misma.
De este modo el Movimiento se hizo carne de Sistema y alimentaba las ansias de cambio de quienes realmente devoraban los despojos del Sistema, no sin indisimulada delectación.
Cada martes por la noche se reunían en el restaurante para hablar y hablar sobre subvertir el sistema mientras degustaban la hamburguesa de nombre impronunciable recomendada esa semana.
Es curioso. Hubo un tiempo en que los seres humanos podían escribir libros de más de mil páginas sobre el sentido de la vida. La mayoría acababan con algo así: " ... pero nadie puede desentrañar realmente cuál es el sentido de la vida".
Primero fueron máquinas sumisas. Después máquinas reproductoras. Luego máquinas inservibles. Al final máquinas rotas que ni siquiera se pueden reciclar.
Había disfrutrado del trompetista Félix Rossy en su primera aparición en el club Jimmy Glass de Valencia, como invitado sorpresa en dos temas durante un estupendo concierto con el saxo alto Perico Sambeat, el pianista Albert Sanz, Ben Street al contrabajo y R. J. Miller a la batería. El pasado sábado 31 de abril, el cuarteto de Félix Rossy, junto a Jordi Rossy a la batería, Jaume LLombart a la guitarra y Dimitri Skidanov al contrabajo actuaron en el club Mercedes Jazz, en la calle Sueca, dentro del culturalmente hiperactivo barrio de Ruzafa en Valencia. El Mercedes Jazz ya se ha consolidado como uno de los principales focos del jazz en la capital del Turia. Es un local con una estética moderna, acogedora y agradable y, lo más importante, cuenta con una sala separada para los conciertos con una acústica envidiable, donde se puede disfrutar de un cóctel, una cerveza o un vino correctamente servido.
El concierto, totalmente disfrutable, era un tributo al cuarteto clásico de Chet Baker y Gerry Mulligan, al que dedicaremos un programa próximamente en Jazzadictos. Se estructuro en dos pases y fue en el segundo cuando los músicos se acoplaron totalmente y subieron las revoluciones. El repertorio, basado en temás de Gerry Mulligan, como el memorable Bark for Barksdale y standards habituales de su cuarteto, fue muy acertado.
Félix Rossy, con tan sólo 17 años, tomo responsabilidades, como único viento al frente de la formación, con un discurso fluído y melódico que brilló con luz propia, specialmente en la segunda parte del concierto. Trompetista que pese a su corta edad es ya una realidad, posee un sonido profundo y lírico y un timbre dulce pero penetrante. Esperamos que actue mucho más por Valencia para poder seguir su más que prometedora evolución. Jaume Llombart a la guitarra, hacía las veces de Gerry Mulligan, ecualizando el instrumento con el característico sonido mate y anguloso del saxo barítono de Mulligan. Hubo momentos de gran entendimiento en los intercambios con Félix Rossy, siguiendo el particular estilo contrapuntístico de composición de Mulligan. Dimitri Skidanov muy sólido al contrabajo, haciendo uso abundante del arco, con formas extrovertidas llenas de guiños y giros humorísticos. Y Jordi Rossy, con proyecto discográfico en marcha, muy inventivo a la batería, ofreciendo una base segura para los solos, destacando con sus dinámicos breaks.
Al final del concierto nos regalaron vibrantes versiones de dos temas clásicos del bop "Antropology" y "Dexterity", sirviendo de elocuente clímax.
Una gran noche de jazz, con grandes músicos. Se notaba la química en el escenario y se trasmitía una cercanía muy de agradecer.
Ya se ha emitido el primer programa de Jazzadictos, en Radiofarnals.es. Se repetirá los domingos, y tendréis un podcast a vuestra disposición, para que podáis escucharlo cuando os apetezca. Intentaré mejorar en cada programa y valoro mucho vuestras sugerencias. Muchas gracias por el apoyo (los correos, los mensajes...) que me da mucha fuerza e ilusión para compartir con vosotros nuevos programas.
Hay oportunidades que tenemos la suerte de que nos caigan del cielo. A partir del primer miércoles, dia seis, del mes que viene (abril de 2011), todos los miércoles de diez a once de la noche, podréis escucharme el radiofarnals.es, una radio por internet, presentando y dirigiendo un espacio de jazz, con la única pretensión de compartir mi pasión por el jazz con todo aquel que quiera escucharme.
Aqui está la obra basada libremente en Jan ( que ya crea "palabras" como abú y eu, repite, añade y araña) y sus juguetes. Como su universo nos está vedado, en nuestra ignorancia, quisimos hacer un pequeño homenaje a Jarry y un reverso del Ubú Rey. Hay dibujos de los personajes y una pequeña sintonía. Tenemos la intención de colgar la obra por casa para que el protagonista la vaya disfrutando. Ahí va.
PERSONAJES:
ABÚ REY: Él mismo.
SIR PATRICK: Perrito rojo orejilargo y abrazadizo.
PATITO EU: Marinero de aguas menores con camiseta de listas blancas y azules y patas a juego.
PAN PADEUKO: Cajas contenidas, ora recogidas, ora extendidas.
RANO/KOJANO: Dos ranitas verdes, pequeña y grande, unidas por un hilo verdoso de existencia.
ENTE EA: Ente concretamente abstracto.
LUGAR:
La obra transcurre en “Su mundo” (el mundo de Abú Rey), con el Gran Blanco moteado por cuadros de otros mundos y, al fondo, el Gran Escaparate Listado. En el lado opuesto,
Abú Rey: ¡Abú!
Sir Patrick: ¡Tírame de las orejas! Me gusta, no siento dolor. Ahora todo es conocerse.
Abú Rey: ¡Abú! (en signo de asentimiento)
Sir Patrick: ¿Qué te parece ente Ea?
Ente Ea: ¡Ea!
( Hace su entrada el patido Eu, ufano y mundano y también colano)
Patito Eu: ( Se inclina y suenas campanas)
El movimiento hace ruido. La música es ruido bien entendido. La música es bella. Tú eres movimiento.
Abú Rey: ¡Abú! ¡Eu! ( En un raro alarde de prodigalidad lingüística).
Pan Pudeuko: ( Terciando o cuarteando, porque es el cuarto en concordia)
Yo estoy contenido en mi mismo; contengo otras cosas y me abro al mundo a mi total discreción.
Abú Rey: ¡Abú, Abú! (totalmente entusiasmado)
( Se descuelga en la escena Rano/Kojano, tirando de su hilo verde)
Rano/Kojano: Tira del hilo, siempre, sin parar, porque cada cosa conduce a otra y en tirar está la gracia.
Abú Rey: ¡Abú, bú, bú! (henchido y satisfecho, dando la escena, el acto, la obra y la jornada por concluida).
Cada mañana amanecía con nuevas preguntas que se proponía responder antes de la medianoche. Preguntas que resultarían trágicas sino fuera porque Él sabía que el Gran Tipo estaba allí fuera y lo observaba desde algún lugar al otro lado de la ventana.
Desde este punto de vista, todo era cómico y Él podía adoptar ambos puntos de vista, lo cual, en cierto modo, no era ningún consuelo, sino todo lo contrario.
(...)
Y suceció entonces, según se desprende de una carta a un tal Malaquías, que se propuso no preguntarse más de lo que pudiera responderse.
Y al tercer día, según cómo se cuente, regurgitó porque todo aquel esfuerzo le había hecho -¡ ay, Señor!- mal.
Fue, quizá, el paseo por la huerta de vuelta, alcachofas brotando, en la flor de la madrugada. La apropiación indebida de dos cebollas o la fecundación previa de la tierra adyacente. Lo que se da por lo que se quita. Y aquel episodio, remoto según qué tiempo, cercano en la memoria: el hurto en las casetas de la feria medieval, en el viejo cauce del río. Ahora lo recordaba, junto al amigo que ya no está, en esa época de nostalgia por lo que tendría que venir, inconsciencia casi estudiada, penurias con memoria de pez. Al estilo de Borges: el episodio en el antiguo cauce fluvial prefigura las andanzas de madrugada por la huerta.
Dos mundos que se ponen en contacto y se repiten fuera del tiempo, hasta que una muerte incierta (si, y no tengo por qué explicarlo) los haga cesar. Ahora otras fragancias para los mismos cuerpos, cansados antes de despertar.
Todo esto necesitaría una explicación plausible, un hilo narrativo, para mantener la tensión más allá de la audacia narrativa. No vale la pena. Ya os digo yo que es poesía. Poesía de otra madrugada, desde otra placidez, la de la mirada tranquila que se posa en la bañera recién abandonada, sangrante de inmundicia.
Sigue siendo un juego de imágenes borrosas, por eso quizá lúcidas, aromas sugeridos y sabores que se mezclan; la tierra por encima, el mundo colgando por los pies. El ansía ambigua de comunicar: una canción dedicada a tí, que no estabas escuchando.
Y viene a cuento, a colación, porque un falso domingo se coló en mi miércoles mañana, con más resaca de sueños que otra cosa. Y al mirar por mi balcón era la vista desde otra ventana y yo estaba dentro y afuera y no era mañana.
Post Scríptum: Después de tanto escupir a la cara de los dioses, me voy de puntillas, miro a la habitación de al lado y les doy las gracias.
Un último homenaje, se engañaba en falso. Sabía bien que no era una buena idea, pero acabó allí. El peor tugurio a este lado del río. Todavía lo era.
Y apareció uno de los chicos nuevos, exhibiéndose ante los parroquianos. No lo conocía. No hacía falta, de algún modo sabía cómo funcionaba su mente, porque sabía cómo funcionaba aquel lugar mucho antes que él.
El pobre tipo se creía un gran hombre, deslumbrado por el griterío ronco y tibio y el tintineo grotesco de los botellines, banda sonora. Puesta en escena: telón de humo acre (acérrimo en propiedad), olor a orina y sueños chamuscados. Él, desde luego, lo sabía.
-- Dame un cigarro de esos- le lanzó, pretendidamente de improviso, un escupitajo, el joven, apenas traspasada su altura junto a la barra. -- Quiero de los tuyos.
Aún así, siguió mirando su reflejo en el cristal- perverso -enfrente suyo, porque tenía que ser la última vez.
-- ¿Qué pasa? ¿Eres sordo?- la sonrisa del que desconoce que lo ha perdido todo.
Le cascó la nuez, hundida sin remedio en la laringe. Eso fue el 31 de diciembre. El final de los buenos propósitos.
Antes se escribía en los árboles o en los muros, con la mejor caligrafía posible: dos nombres y una referencia a la eternidad; valga "te querré siempre".
Ahora se escribe en cualquier parte y de cualquier manera: dos nombres o apodos o "nicks" y la fecha; lo que indica que se es consciente de la fecha de caducidad.
Tal vez sepamos más cosas, quizá sea mejor no engañarse, pero definitivamente nos estamos perdiendo algo.
Ella le había dicho que le bastaban los placeres sencillos de la vida. A la tercera noche en el Plaza todo le pareció una broma.
¿En qué cree? No es que crea en muchas cosas sinceramente. Creo en Dios... cuando me corro
¿En serio? Cuando me corro. Es el momento en el que exclamó: "¡Oh, Dios mío! ¡Ay, Dios mío!
Nos ocurre a muchos. Lo más cercano a la mística. Cierto, esa es la única vez que hablamos directamente con un ser superior.
La última noche, la del apagón, la primera en que se quedaron sin suministro eléctrico en el "macrogrupo", ocurrió algo extraño. Antes del pánico una sensación de extraña, incomprensible, pero añorada paz. A cada ruido le acompañaba el conocimiento... Sí, sabía que se había movido la silla del salón de la casa de la izquierda y justo después, en la contigua cocina alguien se había apoyado en la encimera y había abierto el cajón.
Pero fue el chirrido del cajón al abrirse en su cocina lo que oyó. Se acercó a la puerta del salón, contiguo a su cocina, linterna en mano, con el corazón delator mordido por la urgente reticencia, y pudo ver a través del translúcido cristal el brillo de lo que él ya sabía que era un cuchillo, pese a lo que abrió la puerta y, en el instante final, pudo verse a si mismo empuñando el cuchillo y dándose muerte, aunque algunos dirían que hacía tiempo que estaba ya muerto.
"Las noticias van a peor, pero estamos tranquilos frente al televisor..." Eso decía una vieja canción. Eso era antes de existir cientos de canales. "La ilusión de la diversidad", pensó. Últimamente, se sorprendía a si mismo con estos pensamientos. Intuía que algo no funcionaba, pero no sabía exactamente qué, ni cómo se había llegado a esa situación, ni cómo cambiarla. Tanta oferta cultural, tantos servicios y todos sus vecinos haciendo en esencia lo mismo: esperar, ignorar lo que ocurre a su alrededor, esconderse de los otros, los que no trabajaban para la Corporación, los que no eran igual que ellos. Todos allí eran, en esencia, iguales, pese a sus idiosincrasias culturalmente aceptables y su armonía codificada de saludos, llamadas y respuestas, sin nada que esperar de los demás.
Y era, sobre todo, el ruido en la casa del vecino que no cesaba. Lo notaba al llegar a casa después del trabajo y, en cuestión de semanas, le impedía incluso dormir. Lo que más le angustiaba es que era un ruido rutinario, nada estridente, pero casi continuo. Y lo que le hacía plantearse si no se estaría volviendo loco era que, de alguna manera, entendía la secuencia de ese ruido. Poco a poco, noche tras noche, en las horas del insomnio, sentía los movimientos imaginarios que producían el ruido.
Y llegó la certeza de que, de alguna manera, él producía el ruido. No había otra explicación.
Fue el primer "macrogrupo" (así los llamaron entonces) de adosados. Era una extensión enorme, todos los chalets con su pequeño jardín trasero, al viejo estilo inglés se diría. Vivía allí desde que empezó a trabajar, y fue feliz, al menos los primeros años. Todos los vecinos formaban parte de la Corporación, y tenían educación y gustos similares. Los muros de separación entre las viviendas tenían el suficiente grosor como para no oír al vecino, a no ser que pusiera el volumen del televisor o el equipo de música a un nivel endiablado, lo que estaba practicamente descartado. Además sólo tenia un vecino, pues la casa a la izquierda de la suya estaba vacía.
Todo cambio el año del "colapso económico del bloque noroccidental" (eso fue después de la "recesión", "la leve involución sistémica" y la "crisis"). Empezó a oír ruidos en la vivienda deshabitada. Lo primero que hizo fue cersiorarse de que no había sido ocupada, por improbable que esto fuera, ya que tenían su propio equipo de seguridad en el "macrogrupo".
A partir de ahí, la situación se fue haciendo cada vez más inquietante.
l
Nunca supe como comenzó
Alguien me contó el final de la historia
(Ahora sólo ruido y falso eco de la memoria)
¿Qué era aquello
Y
Por tanto
Quién era yo?
La larva
A word in your ear
From father to son
Hear the word that I say
I fought with you
Fought on your side
Long before you were born
Joyful the sound
The word goes around
From father to son to son
And the voice is so clear
Time after time it keeps
Calling you calling you on
Don't destroy what you see
Your country to be
Just keep building on the ground
That's been won
Kings will be crowned
The word goes around
From father to son to son
Won't you hear us sing
Our family song?
Ba ba ba ba ba ba ba ba
Now we hand it on
But I've heard it all before
Take this letter that I give you
Take it sonny hold it high
You won't understand a word that's in it
But you'll write it all again before you die
A word in your ear
From father to son
Funny you don't hear
A single word that I say
But my letter to you
Will stay by your side
Thru' the years
Till the loneliness is gone
Sing if you will
But the air you breathe
I live to give you
Father to son father to son
Father to son father to son
Joyful the sound
Word goes around
Father to son to son
Kings will be crowned
Earth goes around
Father to son to son
Joyful the sound
Word goes around
Father to son to son
Kings will be crowned
Earth goes around
Father to son to son.
No hacía siquiera una hora que me encontraba en el castillo del conde Drencula y el aspecto siniestro del lugar ya provocaba los más sombríos presentimientos en mi corazón.
La morada del conde se elevaba sobre una de las regiones más salvajes de los grandes bosques de Transilvania, que proyectan al asalto de los primeros contrafuertes de los Cárpatos sus hordas negras de grandes pinos de Austria y de alerces de frente desdeñosa; el castillo, en lo más alto de un promontorio de roca, dominaba un profundo barranco a cuyos pies gruñía un torrente espumoso.
El conde había rogado al bufete de abogados que me empleaba en Londres que le enviase uno de sus representantes con el fin –había escrito- de poner en orden ciertos papeles importantes; yo llevaba en mi cartera la copia de la respuesta que me acreditaba ante el conde, y aquella pequeña hoja blanca era lo único que podía disipar un poco mi angustia del momento.
Pues, en efecto, desde la hora que había franqueado el umbral del austero edificio de piedra gris, ni un alma se había ofrecido a mi mirada. Tan sólo algunos murciélagos se arremolinaban extrañamente en el aire, poblando con sus agrios gritos el silencio opresivo, y no era preciso más que el recuerdo de mi gran despacho artesonado de Londres para devolverme el aplomo.
Al recorrer, una tras otra, las salas desiertas, terminé sin embargo por descubrir, encajada tras una torreta cuadrada que se alzaba al norte, una cámara en la que rugía un fuego de leña. Una tarjeta, colocada en una mesa junto a un copioso almuerzo, me informaba de que el propietario, de caza desde hacía dos días, se excusaba por recibirme de forma tan desconsiderada, rogándome que me acomodase lo mejor que pudiera mientras esperaba su regreso. Cosa extraña: el lado misterioso del asunto, lejos de aumentar mi alarma, la disipó, y sin preocupaciones ingerí una cena de lo más conveniente.
Después, tras desvestirme completamente, pues el calor era asfixiante, me tendí frente al fuego sobre una inmensa piel de oso negro que aún conservaba un ligero perfume de fiera, y esto debido sin duda a los métodos rudimentarios empleados en su conservación por los montañeros del lugar.
II.
Me sacó de mi aturdimiento una sensación de ahogo y otro tipo de sensación, ésta perfectamente desconocida para mí. Mi pasado de soltero formal no me había preparado, desde luego, para semejante experiencia; pues, al mismo tiempo que un peso que se me antojo considerable se apoyaba en mi pecho, tuve la impresión de que mi sexo entero se encontraba sumergido en una caverna caliente y singularmente móvil, y que recibía de esta excitación novedosa para él un aumento de fuerza y de volumen perfectamente anormal. Recuperando poco a poco la consciencia, me apercibí de que mi nariz y mi boca se hallaban apresadas en un plumón elástico; un olor particular, algo aturdidor, llenaba mis narinas y, al alzar las manos, me encontré con dos globos lisos y sedosos que se estremecieron al contacto y se irguieron un poco; fue en ese instante cuando, percibiendo una cierta humedad sobre mi labio superior, comencé a lamer y mi lengua penetró en una hendidura carnosa y ardiente que al momento emprendió una larga serie de contracciones. Aspiraba el jugo suculento que ahora me corría por la boca cuando me di cuenta de que alguien se había tendido a lo largo sobre mi cuerpo y, pies contra cabeza, me roía el miembro en tanto yo, del otro lado, le devolvía el cumplido; yo, David Benson, pacía en el órgano de otra criatura y obtenía con ello un placer extremo.
Tal constatación me golpeó en el mismo instante en el que, violentamente transportado, dejaba escapar una gran cantidad de esperma, engullida tan pronto como era emitida. Al mismo tiempo, los muslos que me apresaban la cabeza se tensaron; por mi parte, me emplee lo mejor que fui capaz, sumergiendo y sacando la lengua tan rápido como podía, mientras absorbía todo lo que podía extraer de aquel cáliz exasperado que danzaba contra mi boca. Tampoco mis manos se mantenían inactivas, pues recorrían de arriba abajo la raya perfumada en la que mi nariz venteaba un aroma afrodisíaco; mis dedos penetraban por momentos en una fosa diferente y de más difícil acceso.
- Estoy perdido –pensé-. El conde es un vampiro y esta persona está a su servicio. Y hete aquí cómo me convertiré en vampiro…
En ese instante, la criatura empujó su culo un poco más contra mi nariz y noté que venía al asalto de mi mentón un grosor velludo y duro. Palpando el objeto, reconocí que se prolongaba en un miembro rígido y turgente que forcejeaba por introducirse en mi boca.
- Sueño –pensé-. Los dos sexos no pueden reunirse en una misma persona.
Y como hay que aprovechar los sueños para acrecentar la experiencia, chupé aquel miembro tan bien como pude, llevando la lengua hasta el paladar para que recorriese el surco que divide en dos el glande, pues quería llevar hasta su conclusión mis indagaciones topográficas. La actividad del vampiro continuaba alrededor de mi vientre y, sin saber cómo, ayudado sin duda por un repliegue que yo había debido efectuar sin darme cuenta, me lamía los bordes del trasero con una lengua puntiaguda y móvil como una cabeza de serpiente. Mi ablandada verga recuperó vigor con su contacto. Una última elongación del tallo que yo lamía ávidamente me advirtió de un cambio repentino y pronto tuve la boca llena de cinco o seis ráfagas de un sabroso esperma cuyo gusto a lejía dejó enseguida lugar para un discreto aroma de trufas. Antes de que tuviese tiempo de tragarlo todo, el vampiro hizo un rápido giro y su boca se pegó contra la mía, hurgando en mis encías y en mi gaznate con el fin de recuperar los pocos filamentos que allí todavía quedaban. Al tiempo, mi sexo invadía una bocana tórrida y dulce, mientras una mano ligera, desplazada hasta las inmediaciones de mi ano, hacía penetrar en él un falo todavía tímido pero que fue afirmándose de sacudida en sacudida, trastornándome con los más vivos e inesperados arrebatos.
Esforzándome por recobrar la consciencia, tuve tiempo de pensar que tenía que tratarse forzosamente de un sueño, puesto que la vagina que, en el minuto precedente, se abría entre el ano y los testículos, se encontraba ahora por encima de la verga, y yo seguía disfrutando de ella. La bestia me recorría el rostro con lametones rápidos y fugaces en torno a los ojos, las orejas y las sienes, lugares que yo jamás hubiese imaginado tan sensibles. Tenía ganas de ver a aquella criatura, pero los fulgores moribundos del fuego apenas me permitían distinguir una parte de su sombra, que se recortaba a contraluz sobre el rubor apagado del hogar. Mas tales pensamientos se vieron interrumpidos por la nueva oleada de goce que me embargaba y arrojé un río de licor al fondo de la presa que me oprimía el miembro, en tanto yo sentía el de mi súcubo derramarse en mis entrañas. Crispando mis manos sobre sus senos agudos y duros al punto de que notaba cómo sus pezones perforaban mi carne, perdí el conocimiento, agotado por tan terribles y tan fuertes impresiones...
El diario de David Benson se detiene aquí. Estas pocas cuartillas fueron descubiertas junto a su cuerpo, en los alrededores del castillo habitado por Radzaganyi, en Hungria. David Benson había sido devorado en parte por las bestias feroces, que, cosa curiosa, se habían cebado en su bajo vientre, completamente roído, y cubierto su rostro de excrementos y orina.
Jamás hubiera creído que se puede estar tan eufórico después de tres días durmiendo tan poco y sin tomar nada ilegal
DAME TODAS TUS NOCHES, NO ME DES LA MAÑANA
QUIERO DESPERTAR CON LA CAMA VACÍA
AL AMANECER
HUYE CADA DÍA -A TRES PUERTAS DE DISTANCIA-
QUIERO DESPERTAR CON EL AROMA
DEL CAFÉ
They say that Richard Cory owns one half of this whole town
With political connections to spread his wealth around
Born into society, a banker's only child
He had everything a man could want: power, grace, and style
But I work in his factory
And I curse the life I'm living
And I curse my poverty
And I wish that I could be
Oh I wish that I could be
Oh I wish that I could be
Richard Cory
The papers print his picture almost everywhere he goes
Richard Cory at the opera, Richard Cory at a show
And the rumor of his parties and the orgies on his yacht!
Oh he surely must be happy with everything he's got
But I, I work in his factory
And I curse the life I'm living
And I curse my poverty
And I wish that I could be
Oh I wish that I could be
Oh I wish that I could be
Richard Cory
He freely gave to charity, he had the common touch
And they were grateful for his patronage and they thanked him very much
So my mind was filled with wonder when the evening headlines read:
"Richard Cory went home last night and put a bullet through his head"
But I, I work in his factory
And I curse the life I'm living
And I curse my poverty
And I wish that I could be
Oh I wish that I could be
Oh I wish that I could be
Richard Cory
Empieza la cuentra atrás
Hay un tesoro escondido por entre el vivo envoltorio
Dulces marcas anunciando el ruido por venir
Sueños eléctricos/Pensamientos de crisálida
Empieza la cuenta atrás
El médico-jefe del departamento de enfermadades contagiosas le dice a la enfermera de turno: "La realidad supera a la infección"
Me sonrío porque siempre que tocamos el tema de ese libro que va a escribir algún día, las cosas adquieren cariz incongruente. Basta con que diga "mi libro" para que el mundo quede reducido al instante a las dimensiones particulares de Van Norden y Cía. El libro ha de ser absolutamente original, absolutamente perfecto. Por eso es por lo que, entre otras cosas, le resulta imposible comenzarlo. En cuanto se le ocurre una idea, se pone a impugnarla. Recuerda que Dostoyevski ya la usó, o Hamsun, o algún otro autor. "No digo que quiera ser mejor que ellos, pero sí diferente", explica. Y, por eso, en lugar de ponerse a escribir su libro, lee a un autor tras otro para asegurarse absolutamente de que no va a hollar su propiedad privada. Y cuanto más lee, más desdeñoso se vuelve. Ninguno de ellos es satisfactorio; ninguno de ellos llega al grado de perfección que se ha impuesto a sí mismo. Y, olvidando que él no ha escrito un capítulo siquiera, habla de ellos con aire de superioridad, como si existiese una estantería de libros con su nombre, libros que todo el mundo conociera y cuyos títulos fuese superfluo citar, por tanto. Aunque nunca ha mentido a las claras sobre ello, es evidente que aquellos a quienes coge por banda para que escuchen la exposición de su filosofía particular, sus críticas y resentimientos dan por sentado que tras sus vagas observaciones hay una obra sólida. Sobre todo las jóvenes y bobas vírgenes que se trae a su habitación con el pretexto de leerles sus poemas o con el pretexto aún mejor de pedirles consejo. Sin el menor sentido de culpa ni de inhibición, les entrega un trozo de papel sucio en el que ha garabateado unos versos-la base de un nuevo poema, como él dice- y con absoluta seriedad les pide que expresen su opinión sincera. Como, por lo general, no tiene ningún comentario que ofrecer, de tan desconcertadas como están ante la absoluta falta de sentido de los versos, Van Norden aprovecha la ocasión para exponerles su concepción del arte, creada, no hace falta decirlo, espontáneamente para cada caso.
Ahora todo era una cortina de sangre. Sangre en sus ojos. Sangre en sus manos, mezclada con la tierra, como un adobe primigenio. Ahora estaba lúcido y tranquilo. En un solo acto más poesía que en todas sus noches de universidad. Primero fue la furia, la ira. Luego el miedo, el desconcierto. Ahora todo había acabado. Todo lo anterior. Y estaba bien. Ahora empezaba algo nuevo, inconcebible, pero radicalmente distinto a la antigua farsa.
Se sentía parte del bosque. Podía realmente respirar. Se acordó de lo que le habían contado sobre el tejo, el árbol sagrado de los celtas, el que subrayaba los enclaves con mayor fuerza telúrica: la Vida. El tejo, cuyos frutos procuran la muerte con toda seguridad. Una paradoja más. Él había encontrado una nueva vida, a través de la muerte.
No fue culpa suya. Nanook no quería odiarle, pero él le odiaba. Lo notaba en todas las reuniones de empresa, en sus comentarios irónicos, en sus miradas despreciativas. Por fin, vacaciones, huye al norte, sueña con otro mar, otra tierra, para disfrutar en soledad y lo tiene que encontrar precisamente a él en su bosque.
No sabe cómo empezó, pero hubo algo que no pudo soportar más. Ahora, son sólo fotogramas: la piedra en la mano, su cabeza, la sangre. Después todo es borroso. Al final, lo entierra en el bosque. Ya no tiene miedo. Todo acaba de empezar.
En el trabajo, mantenía relaciones cordialmente frías con la mayoría, y sentía la burla de algunos, quizá el odio de uno, pretendiendo no odiarlo él también. Todo marchaba relativamente bien. ¿Comparado con qué? Con una existencia plácida, plena, productiva. Nada de esto se podía decir de su vida. Y él lo sabía, aunque se empeñase en negarlo. Y la burla en las fiestas de la empresa, con los comentarios a media voz, los dobles sentidos y las miradas condescendientes, le hacian entrever el escenario desvencijado- pues eso era todo: teatro- en que se había convertido su vida, más alla del telón de resplandeciente terciopelo bermellón, con el que autocensuraba sus dudas, sus críticas, sus miedos.
La librería de sus padres apenas vendía. Su padre enfermó del corazón. No apto para el "universo posgrado" (por falta de dinero y de motivación), trabajaba en los oficios más dispares y menos cualificados (en un videoclub, repartiendo publicidad, vendiendo sangre martes alternos de cada mes...). Al final, empezando desde la base, acabó de supervisor de intercambio comercial con el sudeste asiático, en una empresa que fabricaba componentes retinoestáticos.
Puede decirse que fueron años felices los de la universidad. Trato con gente interesante -incluso a dos o tres de ellos los pudo llamar amigos-, sólo trabajaba en verano, ayudando a sus padres en la librería, dando clases a la díscola hija de la vecina, señora Petra, que la miraba pícara y sonreía entre inocente y provocativa siempre que mencionaba su nombre.
Pero los años de carrera terminaron. Perdió el contacto con los amigos y la chica de las gafas de pasta se cansó de leer a Hrabal y escuchar a Coltrane y se casó con un marchante de arte, que tenía tiempo para ir al gimnasio y una cartera de piel de cocodrilo. Entonces se encontró desnudo ante lo que llaman "el mundo laboral".
Su infancia trascurrió entre las burlas de sus compañeros de colegio, que ridiculizaban al pequeño "Noñok", más seguros de si mismos, con padres más arrogantes, que manejaban más dinero y nunca pisarían la librería de los padres de Nanook. En el instituto fue aún peor, y la adolescencia se fue entre la indiferencia de las chicas, los abusos de los chicos y las páginas pegadas del "Sexus" de Miller.
En la Universidad la cosa mejoró. Descubrió la gran ciudad, la noche, la poesía regada de alcohol y perdió la virginidad con una compañera de clase de filosofía moderna. Leían juntos a Bohumil Hrabal, escuchaban a Coltrane y tuvo su mejor imagen para guardar cuando empañó las gafas de pasta de ella...
Le fastidiaba. Su nombre le fastidiaba. Era hijo único de unos padres, a duras penas, pequeñoburgueses, con aires de librepensadores. Su padre descubrió la pelicula pseudodocumental "Nanook, el esquimal", de Robert J. Flaherty, en unos cines de reestreno de capital de provincia con vocación de refugio para futuros intelectuales, y llamó a su hijo, años después, cuando se estableció junto a su mujer con una pequeña librería de su propiedad en el pueblo, Nanook, como el esforzado protagonista. Fue un gesto entre snob y avanzado.
Nanook hubiera sido un buen nombre para un chico alegre, lo que se dice con gracia y desparpajo, signifique lo que signifique. Pero nuestro Nanook, pese a las clases de francés y el breve idilio, roto por falta de pasión, con el piano de pared, acabo siendo un joven tímido, retraído y, en propiedad, algo mojigato.
Hubo garbeo por el Carmen, hubo partido, rato en la piscina, risas compartidas, cenas y comidas, mucho poco tiempo, miradas de todos los colores que reflectan los rayos del sol. Ya no exploramos con ansiedad, ahora nos mantenemos aferrados a ideales a los que aún estamos dando forma, pero de los que al menos tenemos noticia y los soñamos tangibles. Se refuerzan las ideas de hace ya un tiempo, de que el Tiempo no puede con nosotros. Basta una mirada, un gesto, un abrazo. Hay muchos por hacer y sólo un puñado de personas con los que vale la pena intentarlo.
Apenas unos kilometros, entre Turieno, el pueblo en que estábamos, sobre 300 metros de altitud, y Fuente Dé, a 1000 metros. Allí, el teleférico y la subida a más de 1800 metros. Desde los Picos de Europa, se ven las cosas con otra "altura de miras". No hicimos caminata. Paseamos. Disfrutamos de las vistas, de la nieve que aún blanqueaba los espacios entre los picos, nos intentamos hacer notar para que los rebecos de las cumbres más alejadas nos otearan en la distancia, tomamos fotos, respiramos, dibujé Picos de Europa superpuestos y escribí este poema mientras observaba a mi amor recortada sobre el cielo de un azul etéreo.
El monte tiró de cabras arratrándolas a las montañas
altas, como las esperanzas de que el glaciar siga vivo
que el desnivel con el valle no sea tan abrupto
que el entendimiento no se quiebre
¿Dónde esta Europa ahora?
¿Hacia dónde soplarán sus vientos?
Reza a algún dios de la montaña para que nos sean propicios
Beatitud: 1 acepción RAE: Bienaventuranza eterna/ 4 acepción: Felicidad, bienestar. La primera no está al alcance del común de los humanos, la cuarta la experimenté en la comarca de Liébana, bebiendo vino de la zona, en el cesped, junto al río, con la vista de la ermita de San Miguel, cercana a la Iglesia de Santo Toribio, en las estribaciones de los Picos de Europa. En el valle de Liébana hay un microclima mediterráneo y probé un par de vinos que no estaban mal, uno de ellos muy interesante.
Sonreía al pensar en el Beato de Liébana, que no sólo escribió los célebres comentarios al Apocalipsis de San Juan, luego bellamente ilustrados, sino que destacó en política y geografía. Con ocasión de la diatriba sobre la herejía adopcionista del siglo VIII (Jesucristo como hijo adoptivo de Dios), que defendía el Obispo de Toledo, el Beato, que le recriminaba esta postura, le insultó en estos términos: "Cojones del Anticristo". Era un tipo salao el Beato. Con el vino, la tranquilidad y las vistas surgió un poco de poesía automática:
Bebiendo vino de la Tierra de Liébana
me embriaga una sensación de beatitud
Como si todo esto no fuera una ciénaga
sólo no lo es porque lo limpias tú.
Odio los macro-centros comerciales a las afueras de las ciudades. Hoy he estado en uno por necesidades del guión. He sido testigo de uno de los signos del declive de nuestra civilización: Mega-tienda (en este caso de muebles, pero es irrelevante) con carteles de colores chillones e imposibles promesas por doquier, comercial entrado en la cuarentena (pelo teñido, pantalón de traje y camisa con las mangas subidas en una pose de amable experto y atento guía espiritual) pero, sobre todo, la PROMOCIÓN.
Metrosexual. La cosa es que si eres metrosexual (eso ponía en los cartelitos, se premia la metrosexulidad) y te depilas en la tienda te llegan a descontar hasta un 25%. Se ha equivocado de cliente. Se lo he intentado explicar. Él (en un patético intento de autoconvencerse y no sentirse tan envilecido por un sistema en el que, probablemente, no sabe cuándo y cómo se ha metido y del que ahora teme salir) me ha explicado que es algo así como la semana fantástica de "El Corte Inglés". Es una forma de que alguna que otra televisión, en sus espacios deforma-realidad post-culebrón, cubra la noticia. Yo le he replicado que, si no se tiene dinero para promocionarse de otra manera, se puede ofrecer un buen servicio y relación calidad-precio y confiar en el boca a boca. Él asegura que no era una cosa tan rara, que era una estrategia como otra cualquiera. Yo le digo que no me acaba de convencer lo de la depilación y la tele. Él dice que seria una pequeña banda de cera fría y que igual la tele ni aparece. Me pide mis datos. Yo solo quería preguntar por un producto en concreto y su precio, no voy a darle mis datos. Él casi me suplica que le deje rellenar una ficha y que me lo piense y que le llame (como no podía ser de otra manera, me da una tarjetita con su nombre de pila y el teléfono en cuestión).
En estos sitios somos como animales que van al matadero, sólo nos quieren sacar lo aprovechable y lo aprovechable es nuestra pasta. Pero no es extraño que te tomen por un idiota. Tenemos las condiciones objetivas para generar idiotas. Me refiero a la educación, a los medios de comunicación, a la política.
Pienso con ternura en esas tiendas de barrio y en el trato humano de los tenderos (una palabra en vías de extinción).
Al final, me da pena el patetismo del tipo, porque todos somos igual de patéticos en algunos momentos, en algunos lugares. Le digo que me lo pensaré, pero que sólo me dejare hacer lo de la cera si me lo hace él...
Fuimos al hospital para las pruebas de la glucosa. No está tan mal como dicen. Parece el líquido que quedaba en aquellos polos de hielo de naranja que costaban 10 o 20 pesetas.
Por suerte no vimos niños enfermos. Sólo había viejos vestidos a la última, con su uniforme de verano, orondos y rosaditos, tan saludables como es posible. Preocupados por lo incognoscible, intentando retardar lo irremediable.
Es fascinante el lenguaje médico. Cuando nos extendían el preceptivo volante -¿por qué se llama así, si apenas conduce a nada?- en el despacho, en asépticas y pulcras estanterías blancas, danzaban las expresiones más pintorescas. En la mayor parte de los casos, hacían referencia a una especialidad y se adivinaban las abreviaturas y yuxtaposiciones de términos.
Sin embargo, el papelito sobre el anaquel que me llamó la atención rezaba "potenciales evocados". Me pareció poético. Pensé que sería absurdo que alguién pretendiera medir eso. Luego recapacité. Al fin y al cabo, estábamos en el mundo de la publicidad, el márketing y la compraventa del potencial evocado.
Si, Palencia existe. Y sorprende su discreto encanto, su belleza relajada. Una capital de provincia con sabor a pueblo, donde el tiempo se cuenta de otra manera. Como en el "papamoscas" de la catedral, ingenio mecánico del barroco, que marca el tiempo a mamporrazos. Alli llaman a su catedral "La Bella Desconocida" y es un buen apelativo. Es la tercera mayor en planta, después de la de Sevilla y la de Toledo y guarda una proporción apabullante y algunas joyas en su interior, como el mencionado "papamoscas".
Pero Palencia, fue también el resto de sus iglesias, sus plazas y parques, su Plaza Mayor porticada tipica de Castilla, donde vibraba la fiesta en tranquilo y ordenado bullicio. Fiesta de pueblo que se sabe divertir, pues estábamos en plena "Feria Chica", segunda festividad en importancia de la villa, con sus Gigantes y Cabezudos, que traían aromas de mi niñez, la banda municipal interpretando la "Pantera Rosa", para deleite de los críos.
Fue también, sobre todo, la sobriedad castellana, que en el trato con sus gentes, como puede apreciar el viajero inquieto, se traduce en educación, solicitud y hospitalidad. El camarero, quien, tras dejarme bien servido con un buen lechazo (y que nadie piense mal) y el indisociable ribera del duero, sorprendía a la pareja de la mesa adyacente, recomendandole el bistec "presente", o sea, "al punto", por oposición con el bistec "pasado"; o los jóvenes "skaters" que ensayaban acrobacias en la Plaza de San Pablo, frente a la portada gótica de la preciosa iglesia del mismo nombre, bajo la distraída mirada de los viejos del lugar, calificando uno de ellos su salto como "ortopédico". Jamás había oído a un chaval de su edad hablar asi mientras iba en monopatín (si, antes se llamaba así) y fue, simplemente, deslumbrante.
Palencia es, también, la provincia europea con más románico, y sirva de ejemplo el ejemplo del estilo por antonomasia: la Iglesia de San Martín de Fromista del siglo XI. Una joya, cerca de otra joya, esta vez de ingeniería, las esclusas del Canal de Castilla, donde el Marqués de la Ensenada, bajo el aliento de Carlos III, intentó burlar a la Historia y modernizar España.
Seguimos ruta por Aguilar de Campoo y alrededores, baño incluido en la playa del embalse y enfilamos hacia Cantabria. Pero eso, es otra historia.
Iba buscando un norte temporal. El exilio voluntario se hacia necesario. Primera parada: una bodega/casa rural rodeada de campos de trigo arrasados por el verde de la primavera donde perdimos cobertura y nos sentimos, esencialmente, bien. Por el camino, nos encontramos una ciudad que no estaba en el programa: Valladolid. Este ha sido de los viajes menos preparados y más disfrutados. En Valladolid, nos deleitamos con una exposición de Man-Ray en un edificio pre-churrigueresco, le vimos el culo a los leones que custodian la excepcional fachada de la Universidad de Derecho frente a la maltrecha catedral y, sobre todo, pivotamos en torno a la Plaza Mayor, tapeamos, deleitandonos con los rosados de la D.O. Cigales, que estan a la altura de cualquier Navarra, evolucionando desde la ancestral preparacion del clarete, mezclando variedades tintas y blancas.
La primera jornada termino con un helado artesanal y la ilusion de lo por venir, que es como deberian acabar todos los dias, aunque no hubiera helado.
Ese sería un buen título para una canción instrumental. Lo mismo me valdría pero con Audrey Hepburn, Steve McQueen y algunos más. Pero, bueno, lo del título del post era una pequeña broma privada (privativa: sólo me hace gracia a mi). La cosa era que tenía ganas de poner unos extractos del capítulo XIII del Segundo Movimiento de la novela "El Otoño en Pekín" de Boris Vian, que por supuesto no transcurre en Pekin, ni en otoño.
Recomiendo cualquier cosa que haya escrito ( "La hierba roja", la colección de hilarantes cuentos "El lobo-hombre", la desgarradora historia de amor "La espuma de los días", o el genial pastiche de novela negra yanqui "Escupiré sobre vuestras tumbas"), pero quería transcribir lo siguiente. Pero antes unas consideraciones:
Consideración 1 ( Sobre el autor): Boris Vian: alumno aventajado de Alfred Jarry, ingeniero, novelista, poeta, dramaturgo, cuentista, trompetista, autor de canciones, cantante, critico de jazz, traductor, director artístico de dos compañias discográficas, inventor, locutor... Vividor, que sorbió su vida terrenal - que se agotó antes de que cumpliera los cuarenta años terrestres- porque hay que saber vivir para hacer lo que el dejo hecho.
Consideración 2 (sobre "El otoño en Pekin" en particular y/o su obra en general): En "El otoño..." se decide construir un ferrocarril en el desierto de Exopotamia y hay una pléyade de personajes que... Pero bueno lo importante, es el humor único y la desbordante fantasía de Vian, que no es sólo un lucimiento estilístico o una sutil ironía, lo cubre todo, como la violencia, que es omnipresente, violencia de cine mudo, violencia de circo, violencia real y tangible pese a su apariencia de golpe de comic, violencia fatal, irremediable. Violencia no sólo física, sino violencia de las ideas, del discurso, de la actitud ( hasta la apatía, el desapego personal y social, son salvajes), de la incomunicación terrible entre las personas. Personajes que viven entre tensiones vitales no menos dramáticas pese a parecer, para el ojo "adulto", absurdas. Y todo entremezclado en diferentes niveles que conforman un conjunto despampanante pero coherente, donde la muerte, ubicua, sirve siempre de telón de fondo y, al final, juega sus cartas, en una partida eterna con el amor.
Para este extracto en particular, conviene saber que Angel, joven ingeniero desplazado al desierto para participar en la construcción del ferrocarril, junto a su amigo y también ingeniero Ana (si, tiene nombre de chica, pero es un hombre) habla sobre Rochelle (la chica a la que ama) y su relación con Ana, con el abad Petitjean, que se halla de "gira" por el desierto para fiscalizar la actitud de los ermitaños y anacoretas.
Consideración 3 (totalmente superflua o no): Escribo esto mientras escucho el "Paris 1919" de John Cale, otra obra que destila una suave melancolía, pero fuerza y unos arreglos espectaculares. También anda por ahi el "In the land of Grey and Pink" de los Caravan, obra que dicen cumbre del rock progresivo, pero para mi es simplemente buena música que supera las etiquetas, un disco perfecto.
Y por fin (uso y abuso del circunloquio, sin que sirva de precedente) el extracto:
-Lo conseguí, pero no estoy completamente convencido, puesto que he experimentado dos veces la misma impresión desde que amo a Rochelle.
-La impresión ¿de qué?- preguntó Petitjean.
-La impresión de saber-contesto Angel-. De estar seguro. Seguro de lo que hay que hacer. De para que estoy vivo.
-Y ¿para qué?-preguntó Petitjean.
-Es lo que no logro decir. Cuesta enormemente expresarlo, cuando no se está acostumbrado a las palabras.
...
-Rochelle se acuesta con Ana. Y Ana la pone fea. La deja hecha una chapuza. La destruye. De acuerdo con ella y sin hacerlo aposta. Pero eso ¿qué cambia?
...
-No es suficiente. Poco me importa, como usted comprenderá, que ella estuviera, antes de que yo la conociese, mejor que ahora. Lo que me importa es que se haya degradado, y no por culpa mía, desde que la conozco.
- Pero con usted se habría degradado lo mismo.
-No-dijo Angel-. Yo no soy una bestia. Yo la habría dejado tranquila antes de destruirla. No por mi, sino por ella misma. Para que pudiese encontrar otro hombre. Las mujeres apenas disponen de otra cosa que sus formas para encontrar hombre.
-Oh, no me haga usted llorar. También hay por ahí muchos cocos que encuentran hombres.
-No las tengo en cuenta. Le pido perdón por lo que voy a decirle, pero, cuando yo digo mujer, quiere decir mujer guapa. Las otras viven en un mundo totalmente ajeno.
...
-En consecuencia-prosiguió Angel-, que se debe abandonar, o devolverle su libertad, a una mujer guapa antes de dejarla hecha trizas. Esa ha sido siempre mi regla de conducta.
-No siempre están ellas dispuestas a abandonarle a uno.
-Y tanto que no... Se puede conseguir o bien de acuerdo con ellas, porque las hay que entienden lo que acabo de explicarle a usted, y, a partir de ese momento, uno ya no las pierde nunca; o bien, comportándose deliberadamente con la suficiente maldad para que ellas lo abandonen a uno por su propia voluntad; pero son métodos muy tristes, pues no hay que olvidar que, en el instante en que uno las deja libres, tiene uno que seguir queriéndolas todavía.
-Sin duda gracias a eso es por lo que usted se da cuenta de que aún no están completamente destruidas. Gracias a que uno las sigue queriendo todavía, ¿no?
-Si-dijo Angel-. De ahí que resulte tan dificil. Es imposible que uno se quede absolutamente indiferente. Usted las abandona, voluntariamente, incluso usted las busca otro muchacho, y usted se cree entonces que la cosa marcha, pero entonces se encuentra usted con que siente celos.
...
-Hasta que usted, por si mismo, encuentra a otra- dijo el abad.
-No. Usted sigue estando celoso, incluso cuando, por si mismo, ha encontrado otra. Pero tiene que tragarse sus propios celos. Y usted no puede dejar de estar celoso, ya que con la anterior usted no llegó hasta el final. Siempre le queda un resto, un resto que jamás conseguirá usted. En eso consisten los celos. En ese resto, que usted no intentará nunca conseguir, si usted es un tipo como debe ser, quiero decir.
...
Campando por la M-50
¿dónde para La Coruña?
avistamos una salida para la "Ciudad Financiera"
y era la misma que para Villaviciosa...
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Pasamos por la salida del Casino de Torrelodones y pensé que era una suerte tenerla a mi lado y que la quería tanto que no tendría que aprender a olvidarla.
¡Qué bien!
Ahora empiezo a flotar. Me apetece mucho el viaje. Todo ha salido bien. Muchas gracias a los que vinieron y a los que no estuvieron, pero están siempre en nuestros pensamientos.
¡Hasta la vuelta!
Contra el muro de carga la carga más liviana
(porque es buscada)
el óvalo es la forma perfecta
ocaso y albor del rayo que no cesa
la belleza empeñada más hiriente
concisa
sin llegar nunca a saciar
Click-click se fija lo inasible
Al final todo cobra sentido y siempre...
un lugar inexistente para los tiempos muertos
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